En la mayoría de las familias, el amor hacia los hijos se vive como un sentimiento profundo e incondicional. Sin embargo, en la práctica cotidiana, no siempre se expresa de forma equitativa. El favoritismo parental, entendido como la preferencia emocional, conductual o simbólica hacia uno de los hijos sobre los demás, es un fenómeno más común de lo que suele reconocerse y, al mismo tiempo, uno de los más silenciados.
De acuerdo con la Psicología Infantil, el favoritismo no se reduce a un acto consciente de rechazo hacia un hijo, sino que puede manifestarse de manera sutil: mayor atención, menos exigencias, más protección o expectativas diferenciadas. Aunque algunos adultos lo minimizan como algo “normal” o inevitable, la evidencia psicológica muestra que este fenómeno puede tener implicaciones significativas en el desarrollo emocional, relacional y en la construcción de la identidad infantil (Suitor et al., 2008).
Este artículo analiza qué es el favoritismo parental, por qué ocurre y cuáles son sus principales efectos psicológicos en los niños, así como su impacto a largo plazo en la dinámica familiar.

¿Qué es el favoritismo parental?
El favoritismo parental se refiere al trato diferencial sistemático que uno o ambos cuidadores otorgan a un hijo en comparación con sus hermanos. Este trato puede expresarse en distintas dimensiones:
- Afectiva: mayor demostración de cariño, cercanía o validación emocional.
- Conductual: más tiempo compartido, permisos especiales o menor disciplina.
- Cognitiva: expectativas más altas o más bajas hacia un hijo específico.
De acuerdo con McHale et al. (2012), el favoritismo no siempre es intencional; en muchos casos, los padres actúan guiados por afinidad, identificación personal, temperamento del niño o circunstancias particulares (edad, enfermedad, desempeño académico).
No obstante, desde la perspectiva del niño, lo relevante no es la intención parental, sino la percepción de desigualdad, la cual puede influir profundamente en su autoconcepto y bienestar emocional.
¿Por qué ocurre el favoritismo en las familias?
El favoritismo no surge en el vacío; suele estar vinculado a factores individuales, familiares y contextuales. Entre los más frecuentes se encuentran:
- Identificación emocional: padres que se reconocen a sí mismos en uno de sus hijos.
- Orden de nacimiento: primogénitos, hijos menores o hijos únicos temporales pueden recibir un trato diferenciado (Adler, 1927/2013).
- Temperamento infantil: niños más demandantes, sensibles o complacientes suelen generar respuestas distintas.
- Expectativas parentales no resueltas: proyecciones de logros, frustraciones o ideales.
Desde la Psicología Sistémica, la familia funciona como un sistema donde cada miembro ocupa un rol. El favoritismo puede consolidar dinámicas rígidas que perpetúan desigualdades emocionales y conflictos entre hermanos (Minuchin, 1985).

Implicaciones emocionales en los hijos
El impacto del favoritismo se manifiesta tanto en el hijo “favorecido” como en aquel que percibe menor atención.
En el hijo no favorecido, pueden aparecer:
- Sentimientos de rechazo o invisibilidad.
- Baja autoestima y autovaloración condicionada.
- Mayor riesgo de ansiedad, tristeza o resentimiento.
En el hijo favorecido, aunque pueda parecer beneficiado, también existen riesgos:
- Presión por cumplir expectativas elevadas.
- Culpa inconsciente frente a los hermanos.
- Dificultades para tolerar la frustración o el fracaso.
Diversos estudios señalan que el favoritismo se asocia con mayor conflicto fraterno y menor cohesión familiar, afectando la calidad de los vínculos a largo plazo (Jensen et al., 2013).
Impacto en la identidad y las relaciones futuras
La infancia es una etapa clave para la construcción del autoconcepto. Cuando un niño crece sintiendo que el amor es condicional o comparativo, puede interiorizar creencias como: “Debo competir para ser querido” o “Nunca seré suficiente”.
Estas narrativas internas suelen trasladarse a la vida adulta, influyendo en las relaciones de pareja, amistad y en el ámbito laboral. La Psicología del Desarrollo ha encontrado que adultos que percibieron favoritismo en su infancia presentan mayor sensibilidad al rechazo y patrones relacionales marcados por la comparación constante (Suitor et al., 2016).
Así, el favoritismo no solo afecta la infancia inmediata, sino que deja huellas emocionales que pueden perdurar si no son reconocidas y trabajadas.

¿Se puede prevenir o reparar el impacto del favoritismo?
Aunque el favoritismo puede surgir de forma inconsciente, sí es posible prevenir y mitigar sus efectos. Algunas estrategias desde la Psicología Infantil incluyen:
- Autorreflexión parental: reconocer emociones, afinidades y expectativas personales.
- Validación emocional equitativa: escuchar y legitimar las emociones de todos los hijos.
- Evitar comparaciones: cada niño tiene su propio ritmo y necesidades.
- Espacios individuales: ofrecer tiempo de calidad personalizado sin jerarquizar afectos.
Cuando el favoritismo ya ha generado malestar, la apertura al diálogo y, en algunos casos, el acompañamiento terapéutico familiar pueden ser herramientas reparadoras.
Amar sin dividir
El amor parental no se mide en cantidades, pero sí en cómo se vive y se percibe. Cuando un niño siente que debe competir por el afecto, el vínculo se vuelve frágil. Cuando se sabe visto y reconocido en su singularidad, el lazo se fortalece. Criar no es amar a todos igual, sino cuidar que nadie se sienta menos. Porque en la infancia, el amor que no excluye también educa, repara y sana.
Sanas Emociones
Psicología con Sentido Humano

Referencias
- Adler, A. (2013). Understanding human nature. Oneworld. (Trabajo original publicado en 1927).
- Jensen, A. C., Whiteman, S. D., Fingerman, K. L., & Birditt, K. S. (2013). Life still isn’t fair. Journal of Marriage and Family, 75(2), 438–452.
- McHale, S. M., Updegraff, K. A., Jackson-Newsom, J., Tucker, C. J., & Crouter, A. C. (2012). When does parents’ differential treatment have negative implications? Journal of Family Psychology, 26(1), 14–24.
- Minuchin, S. (1985). Families and family therapy. Harvard University Press.
- Suitor, J. J., Sechrist, J., & Pillemer, K. (2008). Within-family differences in mothers’ support. Journal of Gerontology, 63B(2), S122–S129.
- Suitor, J. J., Gilligan, M., & Pillemer, K. (2016). Continuity and change in mothers’ favoritism. Journal of Marriage and Family, 78(5), 1224–1240.


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