En la crianza, muchos padres buscan facilitar la vida de sus hijos resolviendo por ellos las tareas cotidianas. Aunque esta conducta nace del amor y el deseo de proteger, la psicología infantil advierte que hacer todo por los niños puede tener consecuencias negativas en su desarrollo emocional y social.
Desde la perspectiva del desarrollo psicosocial de Erik Erikson (1963), la infancia temprana es una etapa clave para fomentar la autonomía frente a la vergüenza y la duda. Cuando los niños no tienen la oportunidad de experimentar, equivocarse y aprender, pueden desarrollar inseguridad en sus capacidades.

Asimismo, teorías del aprendizaje social como la de Bandura (1977) destacan que los niños aprenden a través de la observación y la práctica. Si los padres realizan todas las tareas, los hijos pierden la oportunidad de modelar comportamientos, ejercitar habilidades y fortalecer la confianza en sí mismos.
Las consecuencias más frecuentes incluyen:
- Baja tolerancia a la frustración.
- Dificultad para resolver problemas de manera independiente.
- Dependencia emocional hacia figuras de autoridad.
- Menor desarrollo de la resiliencia y la responsabilidad personal.

En cambio, cuando los padres promueven la participación activa, brindan apoyo y permiten que los hijos enfrenten retos adecuados a su edad, favorecen el desarrollo de la autonomía, la autoestima y la capacidad de autorregulación (Deci & Ryan, 2000).
En conclusión, aunque es natural querer proteger a los hijos, acompañarlos sin sustituir sus esfuerzos es una de las mejores formas de prepararlos para la vida.
Sanas Emociones
Psicología con Sentido Humano



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